La higiene dental en los niños: algunas recomendaciones

La inmensa mayoría de los dentistas coinciden en que el mejor tratamiento dental es la prevención. Mantener unos correctos hábitos de higiene es fundamental para evitar el desarrollo de afecciones como la enfermedad de las encías y para ello, lo mejor es que estos hábitos se adquieran desde la infancia.

El cepillado dental y las visitas de control al dentista son los dos pilares fundamentales para alcanzar una buena higiene. Con el fin de que los pequeños de la casa disfruten de una excelente salud oral, desde nuestra clínica dental en Pamplona, donde ofrecemos tratamientos dentales para niños, os damos algunas recomendaciones.

 

Introducción al cepillado

Hacia los 2 o 3 años los niños deben empezar a tomar conciencia de sus primeras medidas de higiene. Para ello, lo mejor es que vean a sus padres cepillarse y que se les comience a introducir este hábito como un juego.

Para ayudarles a que vean el cepillado como un acto atractivo, los papás pueden comprar un cepillo de dientes bonito y colorido y enseñarles poco a poco a utilizarlo. En este punto, es importante recordar que hay que colocar muy poca cantidad de pasta de dientes en el cepillo (la equivalente al tamaño de una lenteja) para evitar que trague una gran cantidad de dentífrico.

Es fundamental que el cepillado sea supervisado por un adulto, sobre todo los primeros meses. Cuando el niño comience a ser autónomo, se le explicará la importancia de cepillarse los dientes al menos una vez al día, preferiblemente por la noche, que es el momento en el que las bacterias actúan más agresivamente.

 

Primeras visitas a la clínica dental

Hacia los 3 años el niño debe acudir a unas primeras y sencillas revisiones dentales. De esta forma, empezará a identificar batas blancas con normalidad y verá las visitas a la clínica dental como algo rutinario.

Se estima que alrededor del 15% de la población padece odontofobia o miedo al dentista, por lo que, si el niño se acostumbra desde pequeño a visitar la clínica, cuando sea adulto no verá la figura del odontólogo como un peligro.

A los 6 años, cuando el niño ya es lo suficientemente maduro, se le deberá realizar una exploración más completa. En esta edad, se controlará especialmente que no existan problemas de oclusión de las mandíbulas (sobremordida, mordida abierta, mordida cruzada…) y si existen, se deberá plantear cuanto antes la opción de colocarle al niño una ortodoncia.

Corregir estos desajustes es mucho más sencillo cuando los huesos maxilares del niño están creciendo y no cuando se es adulto, ya que en este caso podría ser necesaria una intervención quirúrgica.